viernes, 2 de enero de 2015

El primer post del 2015.

¡¡¡No lo puedo creer, de verás que no lo puedo creer!!!...
Ha pasado más de un año desde la última vez que me aparecí por aquí.

Vaya, me disculpo.
No es que no haya tenido nada que escribir, por el contrario, pero no quería hablar mal de nadie ni hacer publicas mis tristezas, eso no es agradable para nadie -¿o si?...

Mi vida ha cambiado mucho desde entonces.
Perdí muchas cosas durante el 2014, principalmente peso -yupi urra rraa rra rra-, un poco más de salud, estabilidad emocional y, en ocasiones, la esperanza.

Pero aquí sigo, de pie, agradecida por cada nuevo día y con todo lo que gané y/o reencontré durante este tiempo: Mi familia, el apoyo de mis amigos, el amor incondicional de mi Bamboo, la fuerza que desconocía que tenía, la capacidad de perdonar sin rencores ni condiciones, la capacidad de amar sin limites y a pesar de todo, la fe y a Dios.

¿Qué raro no?... yo mencionando a Dios.
No es la primera vez que lo hago, y seguramente no será la última, pero ahora lo veo, lo percibo y lo siento con una nueva conciencia.
Durante estos terribles 13 o 14 meses ha sido justamente Él quien me ha dado consuelo y apapacho. 
En esas largas noches de insomnio y lagrimas eran sus promesas las que me hacían conciliar el sueño.
En las madrugadas llenas de desesperanza era su amorosa mano la que me abrazaba.
Y en esos días, cuando las horas se tornaban largas y tristes, cuando mi soledad era insoportable, era su compañía y su calor lo que me empujaba a continuar.

Estaba vencida, sin motivos, sin sonrisa. 
Más de una vez creí que moriría de tristeza, más de una vez me faltó el valor para salir de la cama, me sentía un deshecho humano.
Ahí estaba yo... llena de dolor, decepcionada, herida, traicionada, sin ilusiones... 
Ahí estaba yo, suplicante, desvalida y doliente, implorando una ayuda que no llegaba de los médicos, los psicólogos o los consejos bien y mal intencionados... 
Ahí estaba yo, sintiendo pena de mi misma por lo injusto que era todo lo que me sucedía...

Ahí estaba yo cuando Él me llamó e, inexplicablemente, sabía mi nombre, conocía mi corazón y mi pena. Me levantó de la ceniza, me limpió, me dibujo una nueva sonrisa, me inyectó alegría, me recordó mis motivos y me dio nuevos propósitos.

Me hizo entender que es a través del desierto donde se preparan los corazones a su servicio y me hizo darme cuenta que yo no era una tonta, que no soy un despojo, que en efecto el amor es infinito, eterno, incondicional, comprensivo, que todo lo perdona, todo lo cree, que no tiene envidia ni maldad y que se alegra con la verdad.
Me dio valor y le dio valor al infinito amor que siento en mi corazón.

Hoy por hoy, me siento orgullosa de amar con todo mi ser a mi Chaparrito. 
No me envanezco, pero tampoco me avergüenza aceptar que, a pesar de la distancia y las circunstancias, él es, ha sido y será el amor de mi vida, y que lo voy a amar, honrar y respetar hasta el último de mis días.

Aveces vuelvo a sentirme triste, soy humana y rebelde, y el deseo de volver a tener a mi compañero de 22 años me mata, me inunda la soledad y la desesperación. 
En ocasiones me olvido un poco de que los designios de Dios son insondables y perfectos, pero entonces, cuando brotan las lagrimas de mis ojos, elevo la mirada al cielo y le pido a mi Dios bueno que bendiga a mi esposo, que le abra los caminos, que lo cuide, lo ilumine, lo proteja y lo llene de amor...
Después de eso me llega el consuelo. 

¿Te das cuenta?... 
A pesar de todo fue un buen año.
¡Vaya que he aprendido!

Deseo de todo corazón que el 2014 haya sido un maravilloso año para ti y que el 2015 te espere lleno de amor, prosperidad, abundancia, salud, alegría y mucho mucho amor.

¡¡¡FELIZ AÑO NUEVO!!!
Dios te bendiga.



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